En muchos centros, la reunión docente se ha convertido en un “mal necesario”: se convoca por inercia, se alarga, se mezclan temas, se toman pocas decisiones y salimos con la sensación de haber perdido tiempo… y energía.
Pero una reunión puede ser justo lo contrario: un espacio breve para decidir mejor, coordinarse con claridad y reducir trabajo duplicado. La clave no es “hacer más reuniones”, sino hacerlas con intención, con estructura y con un cierre real.
Aquí tienes un enfoque práctico (probado en la vida real) para liderarlas sin agotar al equipo.
1) Define el propósito en una frase (y repítelo al abrir)
Antes de convocar, pregúntate: ¿para qué es esta reunión?
Si el propósito no cabe en una frase, probablemente hay demasiados temas.
Ejemplos de propósito útil:
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“Acordar criterios comunes de evaluación para la situación de aprendizaje X.”
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“Resolver el plan de atención a la diversidad para el nivel Y.”
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“Cerrar decisiones logísticas de la salida con responsables y plazos.”
Al empezar (30 segundos): abre la reunión leyendo esa frase. Te servirá para reconducir cuando el grupo se disperse.
2) Orden del día de “3 puntos” (y el primero es el más importante)
El error típico es el orden del día infinito. La alternativa:
Estructura de 3 puntos:
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Decisión principal (lo que no puede irse sin cerrar)
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Coordinación (reparto claro de tareas)
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Información breve (solo si es imprescindible)
Si alguien propone “añadir algo”, úsalo como filtro:
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“¿Esto requiere decisión hoy o lo dejamos para el próximo bloque/otro canal?”
3) Timeboxing: 15–30–5 (la fórmula que protege la energía)
Pon límites de tiempo visibles. No por rigidez, sino por respeto.
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15’ para preparar (tú antes de la reunión)
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30’ para decidir (durante)
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5’ para cerrar (imprescindible)
Dentro de los 30 minutos de trabajo, usa mini-bloques:
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10’ discusión
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10’ propuestas
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10’ decisión + responsables
Cuando el tiempo se acaba, no se “alarga”: se decide qué se cierra hoy y qué pasa a “pendiente con fecha”.
4) Habla en modo “decisión”: propuesta → opciones → acuerdo
Muchas reuniones se van en opiniones. Para que tenga sentido, cambia el lenguaje:
Guion simple del líder (cualquiera puede usarlo):
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“La propuesta es…”
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“Tenemos estas 2–3 opciones…”
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“La decisión que tomamos hoy es…”
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“El criterio para evaluar si funciona será…”
Esto reduce discusiones circulares y ayuda a que la reunión genere resultados.
5) Cierra siempre con “quién hace qué para cuándo”
Si no hay cierre, no hay reunión (hay charla).
En los últimos 5 minutos, escribe (en pizarra o documento):
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Acuerdos (máx. 3)
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Tareas + responsable
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Fecha límite
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Próximo punto de revisión (si aplica)
Ejemplo de cierre:
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Acuerdo: “Usaremos rúbrica común de 4 criterios para la SA3.”
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Tarea: “Ana la adapta al nivel 1º ESO y la comparte.”
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Fecha: “Miércoles 18:00.”
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Revisión: “Viernes, 10 minutos antes de la guardia.”
Una estructura lista para copiar (y usar mañana)
Antes (15’):
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Propósito (1 frase)
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Orden del día (3 puntos)
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Documento base (1 hoja: contexto + pregunta de decisión)
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Tiempo total y hora de fin
Durante (30’):
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Propósito + reglas (2’)
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Punto 1: decisión (15’)
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Punto 2: coordinación (10’)
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Punto 3: info breve (3’)
Después (2’):
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Enviar acta mínima: acuerdos + tareas + fechas (5 líneas)
Errores frecuentes (y cómo evitarlos)
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“Traemos temas en el momento” → crea un “parking” y pon fecha.
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“Hablamos mucho y decidimos poco” → vuelve al guion: propuesta-opciones-acuerdo.
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“Siempre se alarga” → hora de fin no negociable; lo pendiente pasa con fecha.
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“Siempre hablan los mismos” → turnos breves, ronda de 1 minuto o votación rápida.
Para terminar
Una reunión con sentido no te roba energía: te la devuelve, porque reduce incertidumbre y trabajo duplicado. El objetivo no es que la reunión sea “agradable”, sino útil: decisiones claras, responsabilidades claras y seguimiento real.
Si solo pudieras cambiar una cosa desde mañana, ¿qué escogerías: propósito en una frase, orden del día de 3 puntos, timeboxing o cierre con responsables y fechas?

