Crónica desde #GEGValencia2026: la IA deja de ser truco cuando se convierte en criterio

Hay días en los que uno no vuelve a casa con una lista de herramientas, sino con algo más útil: un marco mental. Eso fue, para mí, el encuentro “Hacia una inteligencia educativa: integrando la IA generativa con sentido”, dentro de #GEGValencia2026.

Llegué a Escuelas San José · Jesuitas con la expectativa habitual de estos eventos (mucho interés, cierta saturación de “lo último”, y la sospecha de que la IA, si no se mira con cuidado, se convierte en un atajo que lo estropea todo). Y me fui con una convicción más ordenada: integrar IA en educación no es un asunto técnico; es un asunto de diseño didáctico y de decisiones pedagógicas.

Fui como asistente y, además, con un pie puesto en mi trabajo de divulgación desde INTEDUA. Pero esta crónica la escribo desde mi yo docente: el que busca claridad, no fuegos artificiales.

La ponencia inicial: “desvelar las costuras”

La ponencia de apertura marcó el tono con una idea que me parece esencial: si la IA parece “mágica”, es precisamente por eso por lo que debemos mirar el mecanismo.

Para mí, “desvelar las costuras” significa dos cosas muy concretas:

  • Que la IA no “sabe” como una persona: genera a partir de patrones. Si la tratamos como oráculo, nos equivocamos.

  • Que la diferencia entre usar IA con sentido o sin él no está en el modelo, sino en la pregunta didáctica: qué queremos que aprenda el alumnado, qué evidencias buscamos y qué límites ponemos.

Salí de esa primera parte con un recordatorio práctico: cada vez que un docente dice “esto me ahorra mucho tiempo”, conviene preguntarse “¿y qué estoy ahorrándole al aprendizaje?”.

Mis talleres: rutas personalizadas y codiseño con fuentes

En los talleres elegí dos propuestas que, juntas, forman un tándem muy potente: personalización guiada y diseño con materiales reales.

1) Aprendizaje guiado: diseñar rutas personalizadas

El primer taller al que asistí fue el de Miguel Ujeda, centrado en crear rutas personalizadas con Gemini.

Me gustó el enfoque porque no caía en el error típico de la personalización “automática”. La idea no era “cada alumno, una respuesta”, sino diseñar un itinerario: objetivos claros, apoyos graduados, evidencias observables y opciones de refuerzo/ampliación.

Lo que me llevé fue una frase que traduzco así: la IA puede proponer, pero la pedagogía decide. Si la ruta no está pensada, la IA solo multiplica alternativas sin dirección. Si la ruta está bien pensada, la IA se convierte en un andamiaje que puede ayudar a que más alumnado llegue más lejos.

2) CoDiseñar el aprendizaje con NotebookLM

El segundo taller fue el de Vicente Chirivella y Javier Simón, centrado en NotebookLM.

Aquí el cambio de chip fue importante: menos “generar desde cero” y más trabajar con tus fuentes. Es decir: usar la IA como apoyo para sintetizar, organizar, extraer ideas clave y construir materiales coherentes a partir de documentos reales (los del curso, los del centro, los del departamento, los tuyos).

Me pareció una vía muy sensata para que la IA se acerque a lo que de verdad hacemos: leer, seleccionar, ordenar, diseñar… y hacerlo con cierta presión de tiempo. Si la IA te ayuda ahí —con tus materiales y tu criterio—, entonces suma. Si te lo inventa todo, entonces te distrae.

Los otros talleres (lo que ofrecían y por qué importan)

Yo no pude estar en todos, pero el mapa completo de talleres me pareció bien planteado porque cubría necesidades muy reales:

  • Prompts y alfabetización algorítmica, para no confundir “hablar con la IA” con pensar bien una consigna.

  • Creación de recursos interactivos con Canva y Freepik, porque el diseño de materiales también es parte del aprendizaje.

  • Vibe Coding para docentes, una puerta nueva (y delicada) a crear soluciones sin programar como antes.

  • Asistentes personalizados y seguros en el aula, vinculados a Google Classroom y “Gems”, que toca un tema imprescindible: no es solo qué se puede hacer, sino qué se debe hacer y con qué garantías.

Lo valioso del conjunto es que no se quedaba en “herramientas”, sino que apuntaba a preguntas más profundas: accesibilidad, acompañamiento, diseño, seguridad, evaluación.

Mesa redonda: la conversación adulta

La mesa redonda final fue, para mí, el momento de aterrizaje. Después de probar, escuchar y debatir, apareció lo inevitable: integrar IA obliga a replantear cosas que ya eran importantes, pero que ahora no se pueden ignorar.

Me quedo con cuatro ejes que deberían estar en cualquier centro educativo que se tome esto en serio:

  1. Evaluación auténtica: si generar productos es fácil, hay que evaluar comprensión, proceso, criterio y transferencia.

  2. Equidad: la IA puede reducir barreras… o ampliarlas, según cómo se implemente.

  3. Verificación: enseñar a contrastar ya no es “deseable”, es imprescindible.

  4. Marco compartido: acuerdos de centro, transparencia y límites claros.

No salí con respuestas cerradas, y eso es buena señal: salí con mejores preguntas.

Lo que me llevo

Si tuviera que resumir el día en una frase: la IA aporta cuando refuerza el diseño docente; estorba cuando sustituye intención por producción.

Y me llevo, además, una especie de brújula para los próximos meses:

  • Menos obsesión por la herramienta.

  • Más foco en el diseño de experiencias de aprendizaje.

  • Más conversación pedagógica (y menos “truco rápido”).

Si algo me confirmó #GEGValencia2026 es que el debate está evolucionando: del “qué hace” al “qué provoca”. Y, en educación, eso lo cambia todo.

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