El jueves 5 de febrero de 2026 cambié la lógica del “evento grande” por la del “evento con conversación cercana”: asistí a la I Jornada del CEFIRE de Inteligencia Artificial y Pensamiento Computacional en La Nucía. Y me gustó precisamente por eso: porque, más que prometer futuros espectaculares, se dedicó a bajar la IA al aula—con dudas, límites, ejemplos y un enfoque muy de profesorado.
Hubo un momento que me ordenó el día: la idea de que la tecnología “suma” solo cuando dejamos de mirarla como protagonista y la tratamos como lo que es: una herramienta al servicio de decisiones pedagógicas. En la ponencia inaugural, Ovi Barceló (Microsoft) puso sobre la mesa algo que a menudo se pasa por alto cuando hablamos de IA: la conversación no va solo de posibilidades, sino de seguridad, datos y responsabilidad.
Después vino una mesa redonda con título directo —“La IA cambIA la Educación”— que me pareció honesta porque no intentó quedar bien con nadie: se habló de lo que cambia en clase, sí, pero también de lo que cambia en la organización y en la gestión del centro. Moderaba Verónica Martínez, y ese formato tiene algo que valoro: obliga a aterrizar. Los participantes de esta mesa redonda fueron Àngels Soriano (UNIR), Raül Solbes (Inspector Educación, Consellería d’Educació, Generalitat Valenciana), Salvador Mira (Asesor Técnico del CEFIRE de Inteligencia Artificial y Pensamiento Computacional) y Pedro Moreno (Microsoft).
Y luego apareció el “detalle” que, en realidad, lo explica todo: una demostración de avatar docente con IA en el Xato Cube. Ver a la gente interactuar, probar, preguntar… me recordó que la adopción tecnológica no sucede por decreto: sucede cuando alguien puede decir “ah, esto me sirve para…” y lo prueba sin miedo.
La tarde se completó con un bloque especialmente valioso por su enfoque práctico y transferible al aula, a través de varios talleres aplicados. Por un lado, el taller de diseño de situaciones de aprendizaje con IA, impartido por Andrés Rubio (director del CEIP La Olla), ayudó a aterrizar la IA como apoyo en la planificación, a través de Copilot mediante la creación de GPTs adaptados, no como “solución mágica”, sino como un recurso para generar propuestas, ajustar niveles, diversificar actividades y revisar objetivos con más rapidez y criterio. A continuación, el taller de recursos personalizados, impartido por Ana Hernández, reforzó la idea de que la personalización no es solo adaptar materiales, sino pensar en accesibilidad, ritmos y motivación, y hacerlo de manera sostenible para el profesorado.
El tercer eje, centrado en pensamiento computacional, llegó de la mano de Escola 4.0, recordando algo esencial: antes que herramientas, necesitamos estructuras mentales (descomposición, patrones, abstracción, algoritmos) que permitan al alumnado comprender y construir, no solo consumir tecnología. En conjunto, los talleres dejaron una sensación compartida: lo que realmente escala en un centro es lo que se puede probar mañana, con pasos claros, sin sobrecargar y con margen para iterar.
El cierre conectó muy bien con el ánimo del día: “Game Over. Play IA”, de Miguel Ángel Azorín, creador de Flipped Primary. Fue una invitación a mirar la IA desde una perspectiva activa y creativa: como una aliada para diseñar experiencias, explorar formatos y enriquecer metodologías, siempre que se use con intención pedagógica y no como un fin en sí misma. Me gustó especialmente porque puso el acento donde más importa: en el diseño, en el sentido y en la calidad del aprendizaje que queremos provocar.
Me vuelvo de La Nucía con una conclusión sencilla: la IA en educación no va de tener “lo último”, sino de construir buenos hábitos —criterios, prácticas, formación y límites— para que lo nuevo no eclipse lo importante. Y eso, cuando se consigue, se nota: el discurso se hace más útil, y el aula, más posible.

